Sueño, sombra…
Sueño, sombra, compañera mía;
sueño contigo…
La virtud tienes de atarme a la tierra;
de nublar mi ego en su locura.
De alejar de mí, los sueños vanos.
Mi humanidad me revelas.
El fruto de reconocerte es la humildad,
El don tienes de hacerme compasiva.
Entiendo otras sombras, cuando veo la mía.
Sueño, sombra, compañera mía;
Sueño contigo y te amo.
María de Lourdes Acevedo
jueves, 27 de enero de 2011
APORTACIÒN DE LOURDES ADÀN SOBRE EL CAPÌTULO XVI
Tema 16. El camino de la curación interior
Como el sacramento de la confesión está ligado íntimamente con el tema del pecado, primero tendríamos que dilucidar qué es pecar. Recuerdo las palabras de Jesús en la cruz: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”. Realmente el ser humano, por lo limitado que es, puede hacer daño a sus semejantes, pero lo hace mayormente o por ignorancia o por no haber recibido en su vida el amor necesario para crecer sanamente. Pienso que difícilmente un ser humano puede dañar de manera grave, con consciencia y libre voluntad, a un semejante; cuando se hace es porque hay algo enfermo en esa persona. Se elige el bien, la libertad se ejerce realmente al elegir un bien, no un daño. Daños leves, sí que cometemos, otra vez por nuestra calidad humana que vive entre “la gravedad y la gloria”; lo verdaderamente humano es elevarnos por el entendimiento y la virtud; el camino de humanización, que es para lo que estamos en esta vida, consiste en un proceso de elevación, para irnos divinizando. Como dice Spong: “Hemos separado completamente los conceptos Dios y hombre; pero pensemos que realmente no hay separación, es un continuum inacabable…”
Viendo esto así, realmente no hay culpa, sino “cruz” (como dice Arregi). La carga culpígena es enfermiza, claro que es aprendida por una religiosidad mal entendida; pero sí existe un sentimiento de dolor y pena, al tomar consciencia de que produje algún daño a un ser que es mi semejante, y esto porque existe en el fondo de mi ser algo que llamamos conciencia y que se ha ido conformando a través de la evolución, y que me va alertando de la calidad de mis acciones o de mis pensamientos. Por esta razón, sí creo que en ocasiones es necesario expresar un sentimiento de perdón hacia el otro que es “como yo”. Naturalmente que a mayor entendimiento y sabiduría, los juicios se van acabando y voy avanzando hacia no juzgar al otro y hacia no tomar como personal, lo que yo creo que ha sido una ofensa o un daño para mí. Entramos entonces en un estado de verdadera paz y serenidad. De ahí la regla de oro, que en toda expresión religiosa existe: “Trata al otro como quieras que te traten a ti”.
En nuestro caminar por la vida, conviven dentro de nosotros “el fariseo y el publicano”, que, como dice Martínez Lozano, representan el EGO y nuestro verdadero YO; en este caminar debemos aprender a convivir con ambos, dándonos cuenta de que el Ego es el que me hace verme “mejor, mayor, superior, etc. que el otro”; el Ego nos pierde, nos engaña, da a nuestra realidad personal una cara que no tiene. Nuestro verdadero YO, hace ver con claridad nuestra condición humana que es a la vez “gloria y gravedad”. Debemos aprender a ver nuestra pesantez, nuestra sombra, y a nuestro EGO con mirada compasiva; pero también con claridad y lucidez: sin esconder lo oscuro y lo frágil de nuestro ser. Para esto se requiere un autoanálisis honesto y permanente, y, además una aceptación humilde y sincera de todo lo oscuro, una aceptación franca y amorosa de mi sombra, para encontrar mi verdadero ser. Soy luz y sombra, eso soy y eso somos todos, mientras caminemos en este mundo. Dios lo sabe perfectamente, nos conoce mejor que nosotros mismos, y así nos ama y nos abraza, como hizo el Padre Bueno al hijo pródigo, al regresar de sus correrías: sin juicios, sin reclamos, con amor, fiesta y celebración.
Por todo lo anterior, creo que deberemos repensar el sacramento de la Penitencia y encontrar formas más adecuadas por lo que significa, esto es: la aceptación incondicional de Dios al ser humano, y esto, como un estímulo para elevarnos a la condición de verdaderos Hijos de Dios.
María de Lourdes Acevedo M.
Enero 2011
Como el sacramento de la confesión está ligado íntimamente con el tema del pecado, primero tendríamos que dilucidar qué es pecar. Recuerdo las palabras de Jesús en la cruz: “Perdónalos, Padre, porque no saben lo que hacen”. Realmente el ser humano, por lo limitado que es, puede hacer daño a sus semejantes, pero lo hace mayormente o por ignorancia o por no haber recibido en su vida el amor necesario para crecer sanamente. Pienso que difícilmente un ser humano puede dañar de manera grave, con consciencia y libre voluntad, a un semejante; cuando se hace es porque hay algo enfermo en esa persona. Se elige el bien, la libertad se ejerce realmente al elegir un bien, no un daño. Daños leves, sí que cometemos, otra vez por nuestra calidad humana que vive entre “la gravedad y la gloria”; lo verdaderamente humano es elevarnos por el entendimiento y la virtud; el camino de humanización, que es para lo que estamos en esta vida, consiste en un proceso de elevación, para irnos divinizando. Como dice Spong: “Hemos separado completamente los conceptos Dios y hombre; pero pensemos que realmente no hay separación, es un continuum inacabable…”
Viendo esto así, realmente no hay culpa, sino “cruz” (como dice Arregi). La carga culpígena es enfermiza, claro que es aprendida por una religiosidad mal entendida; pero sí existe un sentimiento de dolor y pena, al tomar consciencia de que produje algún daño a un ser que es mi semejante, y esto porque existe en el fondo de mi ser algo que llamamos conciencia y que se ha ido conformando a través de la evolución, y que me va alertando de la calidad de mis acciones o de mis pensamientos. Por esta razón, sí creo que en ocasiones es necesario expresar un sentimiento de perdón hacia el otro que es “como yo”. Naturalmente que a mayor entendimiento y sabiduría, los juicios se van acabando y voy avanzando hacia no juzgar al otro y hacia no tomar como personal, lo que yo creo que ha sido una ofensa o un daño para mí. Entramos entonces en un estado de verdadera paz y serenidad. De ahí la regla de oro, que en toda expresión religiosa existe: “Trata al otro como quieras que te traten a ti”.
En nuestro caminar por la vida, conviven dentro de nosotros “el fariseo y el publicano”, que, como dice Martínez Lozano, representan el EGO y nuestro verdadero YO; en este caminar debemos aprender a convivir con ambos, dándonos cuenta de que el Ego es el que me hace verme “mejor, mayor, superior, etc. que el otro”; el Ego nos pierde, nos engaña, da a nuestra realidad personal una cara que no tiene. Nuestro verdadero YO, hace ver con claridad nuestra condición humana que es a la vez “gloria y gravedad”. Debemos aprender a ver nuestra pesantez, nuestra sombra, y a nuestro EGO con mirada compasiva; pero también con claridad y lucidez: sin esconder lo oscuro y lo frágil de nuestro ser. Para esto se requiere un autoanálisis honesto y permanente, y, además una aceptación humilde y sincera de todo lo oscuro, una aceptación franca y amorosa de mi sombra, para encontrar mi verdadero ser. Soy luz y sombra, eso soy y eso somos todos, mientras caminemos en este mundo. Dios lo sabe perfectamente, nos conoce mejor que nosotros mismos, y así nos ama y nos abraza, como hizo el Padre Bueno al hijo pródigo, al regresar de sus correrías: sin juicios, sin reclamos, con amor, fiesta y celebración.
Por todo lo anterior, creo que deberemos repensar el sacramento de la Penitencia y encontrar formas más adecuadas por lo que significa, esto es: la aceptación incondicional de Dios al ser humano, y esto, como un estímulo para elevarnos a la condición de verdaderos Hijos de Dios.
María de Lourdes Acevedo M.
Enero 2011
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APORTACIÒN DE LOURDES ADÀN
martes, 18 de enero de 2011
CERRANDO EL CURSO...APORTACIÒN DE GUSTAVO GÓMEZ VILLARREAL
NUESTRO GRUPO NOCTURNO TUVO AYER SU SESIÒN DE CIERRE, COMPARTIMOS EXPERIENCIAS DE VIDA SOBRE TODO Y CÒMO NUESTRO CURSO HA INFLUÌDO SOBRE TODO EN NUESTRA MANERA DE VIVIR COMO PERSONAS, COMO ESPOSOS, COMO PADRES Y TAMBIÈN COMO MIEMBROS DE NUESTRA COMUNIDAD, Y ES QUE NUESTRA FE SI NO ES PARA VIVIRLA NO TIENE SENTIDO. LA REUNIÒN FUÈ PROFUNDAMENTE ENRIQUECEDORA PARA TODOS. LES COMPARTO LO QUE GUSTAVO NOS PERMITIÒ QUE COMPARTIÈRAMOS EN ESTE BLOG COMO SU TRABAJO DE CIERRE O DE AUTOEVALUACIÒN:
EL DESARROLLO HUMANO DEBE SERVIR PARA GENERAR CAMBIOS INTERNOS Y EXTERNOS QUE NOS PERMITAN VIVIR UNA VIDA DIGNA DE SER VIVIDA, DICHO DE OTRO MODO, QUE NOS PERMITA SER FELICES EN ESTE PASO POR LA VIDA.
LAS PRIMERAS ETAPAS DE MI VIDA LAS PASE CREYENDO QUE EXISTÍA UN DIOS QUE TODO LO PUEDE, QUE TODO LO DOMINA, QUE TODO LO VIGILA Y EN ALGUNOS CASOS QUE PREMIA Y/O CASTIGA.
CUANDO LLEGO A MI JUVENTUD Y MADUREZ, PASO DE SER UN CREYENTE A UN ATEO, PARA LUEGO REGRESAR A CREER Y DESPUES NO CREER. ESTA VIDA LLENA DE CONFUSIONES EN CUANTO A LA FE, MARCARON, AHORA LO SÉ, UN PERIODO DE MI VIDA DE APROXIMADAMENTE 20 AÑOS, EN LOS QUE LA INDEFINICIÓN Y DESCONOCIMIENTO DEL PORQUÉ Y PARA QUE VIVIR, FUERON LA NORMALIDAD.
RECONOZCO AHORA, QUE MI RECHAZO HACIA LA FÉ-IGLESIA-RELIGIÓN ESTABAN TOTALMENTE ADEREZADAS CON UN GRAN DESCONOCIMIENTO EN CUANTO AL TEMA, Y ME RECONOZCO QUE EN ESA ETAPA, FUI UN NEOFITO IRREVERENTE.
CUANDO LLEGO A ESTE TALLER, LO PRIMERO QUE DESCUBRO ES UNA GRAN RIQUEZA QUE ME AYUDA MUCHISIMO EN LA VIDA DIARIA, QUE ME ABRE LOS OJOS A TODO LO QUE SUCEDE A MI ALREDEDOR, ME AYUDÓ MUCHISIMO A VER DE OTRA MANERA MI MATRIMONIO, HACIENDOME VER QUE ESTE VA MAS ALLA QUE UNA SIMPLE Y SENCILLA RELACIÓN ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER, SINO QUE ES AHÍ DONDE SE ENCUENTRA A LA MEJOR AMIGA, A TU ESPEJO, A TU MAS GRANDE ADMIRADORA Y A LA VEZ A TU MAS ACERRIMO CRÍTICO, A TU CONFIDENTE, A UNA MADRE SUSTITUTA EN OCASIONES Y A UNA COMPAÑERA DE VIDA INSUSTITUIBLE, QUE HACE DE ESTA VIDA UNA VIDA QUE VALE LA PENA VIVIR.
ASI TAMBIEN ME ENCUENTRO CON LA POSIBILIDAD DE DAR RIENDA SUELTA A MI IMAGINACIÓN Y DESCUBRO DE FORMA MUY CLARA LA MANERA DE SER UN LIBRE PENSADOR, EN DONDE LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO COMIENZA A SUSTITUIR A TODOS AQUELLOS DOGMAS INCUESTIONABLES QUE LA IGLESIA CATOLICA SEMBRÓ DURANTE TANTOS SIGLOS EN LA SOCIEDAD, Y EN ESPECIFICO EN MI.
ESTA LIBERTAD DE PENSAMIENTO PRODUCTO DEL CRECIMIENTO PERSONAL Y DE LA MODERNIDAD, VINO A ROMPER CON LAS REGLAS Y PATRONES MORALES QUE ME FUERON IMPUESTOS EN MI INFANCIA Y JUVENTUD Y FUERON INICIALMENTE SUSTITUYENDO LAS “VERDADES, TEORÍAS E IDEAS SOCIALMENTE ACEPTADAS”, SIN EMBARGO TAMBIEN SE GENERÓ UN VACÍO PARCIAL, AL QUEDAR DESECHADAS LAS IDEAS DE ANTAÑO HASTA EN TANTO ENCONTRARAMOS UN NUEVO CAMINO MAS CLARO, PRECISO Y LLANO DE UNA NUEVA FÉ, BASADA EN UN NUEVO LENGUAJE, EN UN NUEVO AXIOMA Y EN UNA NUEVA FORMA DE VIVIRLO.
VIVIR LA VIDA ES UN ASUNTO ESTRICTAMENTE PERSONAL Y ACEPTAR LAS IDEAS AÑEJAS DE CÓMO VIVIRLA ES TANTO COMO EMITIR UNA CARTA DE RENUNCIA A LA VIDA.
NOSOTROS DEFINIMOS COMO VIVIR NUESTRA VIDA, Y ALCANZAR LA FELICIDAD SE VUELVE UN LOGRO PERSONAL INCUESTIONABLE Y PURO.
ESTE NUEVO AXIOMA (TEONOMIA) NOS ANIMA A UTILIZAR LO QUE DIOS NOS DÁ Y QUE ES LA LIBERTAD COMO EJE RECTOR, PARA PENSAR, PARA RELACIONARNOS, PARA COMUNICARNOS O INCLUSIVE PARA ASOCIARNOS, ENTRE OTROS.
ESTA LIBERTAD OBLIGA A LA RESPONSABILIDAD, SOBRE TODO A LA OBLIGACION DE CRECER COMO PERSONA Y ENCONTRAR DIVERSAS FORMAS DE VIVIR LA VIDA DE FORMA DIGNA, DE TAL FORMA QUE EL SER HUMANO ESTE MAS PREOCUPADO POR CRECER DE FORMA PERSONAL, QUE POR ESTAR FORMULANDO CONSTANTEMENTE REGLAS Y PATRONES DE CONDUCTA PARA LA SOCIEDAD.
COMENTARIOS DEL APRENDIZAJE FINAL CON MOTIVO DEL CIERRE DEL TALLER DE “OTRO CRISTIANISMO ES POSIBLE”
POR GUSTAVO GÓMEZ VILLARREAL
EL DESARROLLO HUMANO DEBE SERVIR PARA GENERAR CAMBIOS INTERNOS Y EXTERNOS QUE NOS PERMITAN VIVIR UNA VIDA DIGNA DE SER VIVIDA, DICHO DE OTRO MODO, QUE NOS PERMITA SER FELICES EN ESTE PASO POR LA VIDA.
LAS PRIMERAS ETAPAS DE MI VIDA LAS PASE CREYENDO QUE EXISTÍA UN DIOS QUE TODO LO PUEDE, QUE TODO LO DOMINA, QUE TODO LO VIGILA Y EN ALGUNOS CASOS QUE PREMIA Y/O CASTIGA.
CUANDO LLEGO A MI JUVENTUD Y MADUREZ, PASO DE SER UN CREYENTE A UN ATEO, PARA LUEGO REGRESAR A CREER Y DESPUES NO CREER. ESTA VIDA LLENA DE CONFUSIONES EN CUANTO A LA FE, MARCARON, AHORA LO SÉ, UN PERIODO DE MI VIDA DE APROXIMADAMENTE 20 AÑOS, EN LOS QUE LA INDEFINICIÓN Y DESCONOCIMIENTO DEL PORQUÉ Y PARA QUE VIVIR, FUERON LA NORMALIDAD.
RECONOZCO AHORA, QUE MI RECHAZO HACIA LA FÉ-IGLESIA-RELIGIÓN ESTABAN TOTALMENTE ADEREZADAS CON UN GRAN DESCONOCIMIENTO EN CUANTO AL TEMA, Y ME RECONOZCO QUE EN ESA ETAPA, FUI UN NEOFITO IRREVERENTE.
CUANDO LLEGO A ESTE TALLER, LO PRIMERO QUE DESCUBRO ES UNA GRAN RIQUEZA QUE ME AYUDA MUCHISIMO EN LA VIDA DIARIA, QUE ME ABRE LOS OJOS A TODO LO QUE SUCEDE A MI ALREDEDOR, ME AYUDÓ MUCHISIMO A VER DE OTRA MANERA MI MATRIMONIO, HACIENDOME VER QUE ESTE VA MAS ALLA QUE UNA SIMPLE Y SENCILLA RELACIÓN ENTRE UN HOMBRE Y UNA MUJER, SINO QUE ES AHÍ DONDE SE ENCUENTRA A LA MEJOR AMIGA, A TU ESPEJO, A TU MAS GRANDE ADMIRADORA Y A LA VEZ A TU MAS ACERRIMO CRÍTICO, A TU CONFIDENTE, A UNA MADRE SUSTITUTA EN OCASIONES Y A UNA COMPAÑERA DE VIDA INSUSTITUIBLE, QUE HACE DE ESTA VIDA UNA VIDA QUE VALE LA PENA VIVIR.
ASI TAMBIEN ME ENCUENTRO CON LA POSIBILIDAD DE DAR RIENDA SUELTA A MI IMAGINACIÓN Y DESCUBRO DE FORMA MUY CLARA LA MANERA DE SER UN LIBRE PENSADOR, EN DONDE LA LIBERTAD DE PENSAMIENTO COMIENZA A SUSTITUIR A TODOS AQUELLOS DOGMAS INCUESTIONABLES QUE LA IGLESIA CATOLICA SEMBRÓ DURANTE TANTOS SIGLOS EN LA SOCIEDAD, Y EN ESPECIFICO EN MI.
ESTA LIBERTAD DE PENSAMIENTO PRODUCTO DEL CRECIMIENTO PERSONAL Y DE LA MODERNIDAD, VINO A ROMPER CON LAS REGLAS Y PATRONES MORALES QUE ME FUERON IMPUESTOS EN MI INFANCIA Y JUVENTUD Y FUERON INICIALMENTE SUSTITUYENDO LAS “VERDADES, TEORÍAS E IDEAS SOCIALMENTE ACEPTADAS”, SIN EMBARGO TAMBIEN SE GENERÓ UN VACÍO PARCIAL, AL QUEDAR DESECHADAS LAS IDEAS DE ANTAÑO HASTA EN TANTO ENCONTRARAMOS UN NUEVO CAMINO MAS CLARO, PRECISO Y LLANO DE UNA NUEVA FÉ, BASADA EN UN NUEVO LENGUAJE, EN UN NUEVO AXIOMA Y EN UNA NUEVA FORMA DE VIVIRLO.
VIVIR LA VIDA ES UN ASUNTO ESTRICTAMENTE PERSONAL Y ACEPTAR LAS IDEAS AÑEJAS DE CÓMO VIVIRLA ES TANTO COMO EMITIR UNA CARTA DE RENUNCIA A LA VIDA.
NOSOTROS DEFINIMOS COMO VIVIR NUESTRA VIDA, Y ALCANZAR LA FELICIDAD SE VUELVE UN LOGRO PERSONAL INCUESTIONABLE Y PURO.
ESTE NUEVO AXIOMA (TEONOMIA) NOS ANIMA A UTILIZAR LO QUE DIOS NOS DÁ Y QUE ES LA LIBERTAD COMO EJE RECTOR, PARA PENSAR, PARA RELACIONARNOS, PARA COMUNICARNOS O INCLUSIVE PARA ASOCIARNOS, ENTRE OTROS.
ESTA LIBERTAD OBLIGA A LA RESPONSABILIDAD, SOBRE TODO A LA OBLIGACION DE CRECER COMO PERSONA Y ENCONTRAR DIVERSAS FORMAS DE VIVIR LA VIDA DE FORMA DIGNA, DE TAL FORMA QUE EL SER HUMANO ESTE MAS PREOCUPADO POR CRECER DE FORMA PERSONAL, QUE POR ESTAR FORMULANDO CONSTANTEMENTE REGLAS Y PATRONES DE CONDUCTA PARA LA SOCIEDAD.
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TRABAJO DE CIERRE DE CURSO
viernes, 7 de enero de 2011
PARTICIPACIÓN DE MA. DE LOURDES JIMÉNEZ SOBRE EL MENSAJE DE EPIFANÍA
COMENTARIO DE MA. DE LOURDES JIMÈNEZ AL MENSAJE QUE NOS ENVIÓ ANA LAURA SOBRE LA FIESTA DE EPIFANÍA.
Este es un mensaje de esperanza y de feliz encuentro, pues saber que el persistir en buscar a Jesus, me va a llevar a encontrarlo, y hacer que anide en mi, para que lo pueda compartir con los demás, no imponiéndolo o pretendiendo que todos lo adopten como la única forma de llegar a Dios, pero si compartiendo lo que Jesus haga en mi y me transforme para bien. Esta actitud me parece ecuménica, de apertura y reconocimiento de que la búsqueda puede ser variada y diversa, pero que si es honesta y a través del bien y el amor al otro, es un camino valido y seguro de llegar a Dios- Es pues una visión no exclusivista y soberbia de yo solo tener el buen y verdadero camino, sino de respeto a la validez de los muchos caminos que hay para llegar a Dios, a la vez que la afirmación de que siguiendo a Jesus y buscando a Jesus para que se haga presente en nuestras vidas, es necesariamente una forma de hacer a Dios parte de mi vida y yo saberme parte integrante y participe de Dios.
Creo firmemente que mi apertura y búsqueda de Dios, me llevará a su encuentro, y que si busco y hago de Jesus de Nazareth mi centro, y le pido que habite en mi y me transforme, habré de encontrar que con el habitará en mi Dios, y así tambien que a través de cada ser humano a mi alrededor podré encontrar la presencia de Dios y, por tanto de Jesus, en ese prójimo. Solo le pido que mi petición se haga realidad y vida plena en mi, y así, realidad viva y plena en el otro, en el prójimo que me acompaña y al que yo debo acompañar.
Me encanto el que nosotros no somos custodios o guardadores de la verdad, sino solo buscadores de la misma, y la búsqueda se logra más pronto en compañía, y no tanto en la individualidad, aunque no por ello, aun en lo individual, si persisto habré de llegar y encontrar, porque finalmente el don de Dios es para todos, en lo personal como en comunidad, para disfrutarse por todos y para todos, a hacernos unos con el, y el en uno, y en todos.
Gracias nuevamente por esta linda reflexion, que solo me abrió la esperanza, que si persisto en buscar, encontraré, alcanzaré, y la felicidad será plena y más humana, y es alcanzable aqui, hoy y siempre, en esta vida, y para siempre..
Este es un mensaje de esperanza y de feliz encuentro, pues saber que el persistir en buscar a Jesus, me va a llevar a encontrarlo, y hacer que anide en mi, para que lo pueda compartir con los demás, no imponiéndolo o pretendiendo que todos lo adopten como la única forma de llegar a Dios, pero si compartiendo lo que Jesus haga en mi y me transforme para bien. Esta actitud me parece ecuménica, de apertura y reconocimiento de que la búsqueda puede ser variada y diversa, pero que si es honesta y a través del bien y el amor al otro, es un camino valido y seguro de llegar a Dios- Es pues una visión no exclusivista y soberbia de yo solo tener el buen y verdadero camino, sino de respeto a la validez de los muchos caminos que hay para llegar a Dios, a la vez que la afirmación de que siguiendo a Jesus y buscando a Jesus para que se haga presente en nuestras vidas, es necesariamente una forma de hacer a Dios parte de mi vida y yo saberme parte integrante y participe de Dios.
Creo firmemente que mi apertura y búsqueda de Dios, me llevará a su encuentro, y que si busco y hago de Jesus de Nazareth mi centro, y le pido que habite en mi y me transforme, habré de encontrar que con el habitará en mi Dios, y así tambien que a través de cada ser humano a mi alrededor podré encontrar la presencia de Dios y, por tanto de Jesus, en ese prójimo. Solo le pido que mi petición se haga realidad y vida plena en mi, y así, realidad viva y plena en el otro, en el prójimo que me acompaña y al que yo debo acompañar.
Me encanto el que nosotros no somos custodios o guardadores de la verdad, sino solo buscadores de la misma, y la búsqueda se logra más pronto en compañía, y no tanto en la individualidad, aunque no por ello, aun en lo individual, si persisto habré de llegar y encontrar, porque finalmente el don de Dios es para todos, en lo personal como en comunidad, para disfrutarse por todos y para todos, a hacernos unos con el, y el en uno, y en todos.
Gracias nuevamente por esta linda reflexion, que solo me abrió la esperanza, que si persisto en buscar, encontraré, alcanzaré, y la felicidad será plena y más humana, y es alcanzable aqui, hoy y siempre, en esta vida, y para siempre..
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PARTICIPACIÓN DE LOURDES JIMÉNEZ DE PADIERNA
sábado, 1 de enero de 2011
!FELIZ AÑO 2011!!!
¡FELIZ AÑO NUEVO! Las horas, los días y los años del 2010 han terminado, su tiempo terminó, pero a este tiempo atronómico le llamamos “Chronos”. Sabemos que existe otro tiempo al que le llamamos “Kairos”, este el tiempo humano, el tiempo oportuno para hacer algo importante relacionado con nuestra superación como personas. . Sería el tiempo propicio que debo aprovechar, porque una vez pasado, no volverá. .
Este tiempo es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Se trata del tiempo que Dios me da a mí como oportunidad de crecer en el ser. Para traspasar realmente la frontera de un nuevo año es bueno hacer una reflexión sobre sí mismo y valorar cómo estamos haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.
Estamos equivocados cuando decimos alegremente: ¡Cómo pasa el tiempo! No pasa el tiempo, pasamos nosotros. Pero lo tremendo es que lo que somos hoy, depende del uso que hemos hecho de ese tiempo que decimos que pasa.
Sabemos que Dios es amor y que el don de sí mismo es total, absoluto y eterno. Nunca se podrá “arrepentir” de ser lo que es para nosotros. Pero ese don no es una imposición desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará absolutamente nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida biológica y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que sólo se da más allá de lo biológico y lo racional.
Para que Dios llegue a nosotros, tenemos que concebirlo y tenemos que darle a luz. Tenemos un tiempo limitado para llevar a cabo ese programa. Tampoco debemos asustarnos si a nuestra edad no hemos hecho el trabajo. Dice un refrán oriental: el buscar puede llevar toda una vida; el encontrar es cuestión de un instante.
!QUE ESTE NUEVO AÑO SINTAMOS CADA VEZ MÀS VIVAMENTE LA PRESENCIA AMOROSA DE DIOS EN CADA`DÌA DE NUESTRA VIDA Y QUE ÈSTE SEA EL MOTOR PARA SEGUIR BUSCANDO LA VERDAD DE NUESTRA FE...!
Este tiempo es mucho más importante desde el punto de vista religioso. Se trata del tiempo que Dios me da a mí como oportunidad de crecer en el ser. Para traspasar realmente la frontera de un nuevo año es bueno hacer una reflexión sobre sí mismo y valorar cómo estamos haciendo uso de algo tan importante y tan efímero como el tiempo cronológico.
Estamos equivocados cuando decimos alegremente: ¡Cómo pasa el tiempo! No pasa el tiempo, pasamos nosotros. Pero lo tremendo es que lo que somos hoy, depende del uso que hemos hecho de ese tiempo que decimos que pasa.
Sabemos que Dios es amor y que el don de sí mismo es total, absoluto y eterno. Nunca se podrá “arrepentir” de ser lo que es para nosotros. Pero ese don no es una imposición desde fuera. Si el hombre no lo descubre y lo acepta, no significará absolutamente nada para él. La aceptación de ese don que es Dios, tenemos que hacerla desde la más profunda humanidad. No es suficiente una vida biológica y racional plena. Es necesaria una perspectiva humana que sólo se da más allá de lo biológico y lo racional.
Para que Dios llegue a nosotros, tenemos que concebirlo y tenemos que darle a luz. Tenemos un tiempo limitado para llevar a cabo ese programa. Tampoco debemos asustarnos si a nuestra edad no hemos hecho el trabajo. Dice un refrán oriental: el buscar puede llevar toda una vida; el encontrar es cuestión de un instante.
!QUE ESTE NUEVO AÑO SINTAMOS CADA VEZ MÀS VIVAMENTE LA PRESENCIA AMOROSA DE DIOS EN CADA`DÌA DE NUESTRA VIDA Y QUE ÈSTE SEA EL MOTOR PARA SEGUIR BUSCANDO LA VERDAD DE NUESTRA FE...!
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PARTICIPACIÒN DE ANA LAURA JIMÈNEZ C.
viernes, 19 de noviembre de 2010
PARTICIPACIÒN DE ANA LAURA JIMÈNEZ C. SOBRE EL CAPÌTULO XVI
Hoy se está perdiendo la “conciencia de pecado” nos dicen con preocupación algunos agentes de la evangelización. Algunos párrocos recomiendan a sus catequistas que introduzcan puntos de vista y lenguajes más modernos en su tarea evangelizadora, siempre y cuando los niños no pierdan “la conciencia de pecado”. Yo creo que tienen razón en preocuparse ya que es cierto que se está perdiendo esta conciencia , pero esto no se debe ni a la secularización ni al olvido de Dios, y sí creo que la razón de tal preocupación tiene mucho que ver con la preocupación de perder el control que ha tenido hasta ahora la jerarquía eclesiástica.
Creo que concepto de pecado debe de replantearse no sólo desde lasa ciencias humanas especialmente la psicología que nos dice que las conductas destructivas del ser humano son básicamente resultado de la falta de satisfacción de necesidades básicas, sobre todo de la necesidad de amar y ser amado, sino sobre todo desde una teología “teónoma” como diría el Padre Lenaers, , y en este replanteamiento podría resultar para algunos como yo que ya no tiene sentido el seguir hablando de “pecado” y menos como un concepto central en la doctrina cristiana de la fe.
Existe la tendencia a abordar la realidad del pecado reduciéndolo a sus consecuencias éticas y no mirando su raíz, por lo que es necesario plantear esta realidad desde su realidad ontológica, es decir, desde su fundamento. ¿Quién sabe lo que es el pecado?” decía en la Vulgata, el verso de un salmo que ha hecho meditar a generaciones de cristianos. ¿Quién se da cuenta de sus yerros? (Sal. 19, 13) Al menos una cosa se puede responder con seguridad que ni el hombre, ni tampoco ninguna teología, ética o filosofía pueden explicar lo que es el pecado.
El Padre Lenaers nos dice que desde un lenguaje teónomo, figurado pero más intramundano y más acorde con los tiempos, detrás de lo que hemos llamado “pecado” se esconde esencialmente la angustiosa experiencia de una ruptura en la relación entre el ser humano y su fundamento original y santo. La Biblia introduce al ser humano en la historia de la creación como hecho a imagen y semejanza de Dios, esto significa que la naturaleza fundamental de nuestra naturaleza es que lleva inscrita en ella a Dios como destino suyo. Creo que la diferencia entre el ser humano y cualquier otra criatura es que su humanidad o naturaleza humana consiste en su relación con Dios, es decir, el género humano no se apoya o se basa en sí mismo, sino en la relación del ser humano con Dios. SI CESA LA RELACIÓN EL SER HUMANO NO ES YA LO QUE CORRESPONDE SER. Aunque muchas voces a lo largo de nuestra historia han negado esta realidad, la perspectiva de una fe cristiana adulta es que el ser humano, desde el primer momento de su existencia, se manifiesta como un SER EN RELACIÓN, es decir, que empieza a existir gracias a otro e inmerso en la realidad de otro que le acoge. De aquí que el aislamiento y la ruptura de relaciones no sean lo propio para el desarrollo de la persona humana, CUYA POSIBILIDAD DE PLENO DESARROLLO SÓLO PUEDE DARSE GRACIAS A LA RELACIÓN, que no es sino la referencia a Otro, a Dios que es “Todo en Todo” (l Cor 15,28) Dicho de esta manera, la naturaleza humana del hombre, en este mundo, consiste en una RELACIÓN DE AMOR CONFIADO HACIA DIOS y en AMOR DIVINO HACIA EL HOMBRE.
Cuando el hombre se aparta de Dios la imagen se deforma y se rompe. Si Dios se apartara del hombre, su imagen se perdería completamente y el hombre dejaría de ser humano para siempre. Desde esta perspectiva, en cualquier relación, a cualquier nivel de relación de que se trate, sea cual sea la relación en que se viva, PODRÍAMOS ABORDAR EL PECADO COMO EL NO RECONOCER QUE DIOS ES TODO Y QUE EL SER CREADO ES EL SER PARTICIPADO Y QUE LO TANTO DIOS ES TODO EN CADA RELACIÓN, en cada uno de nuestros actos, como finalidad y como método. De esta manera podemos entender el pecado como el no reconocer a Dios como origen, es decir, como motivo y como finalidad. El pecado es idolatría de nosotros mismo y en la Biblia se le resume en último término como idolatría, y es “el padre de la mentira” quien actùa para extender la posibilidad racional de la idolatría.
Pero la buena noticia que nos trae Jesús nos devela el AMOR misericordioso del Dios creador que es Padre, que es nuestro origen y nuestro Destino, nuestro acompañante perenne. “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Esta es una afirmación suprema del Amor creador y ¿qué es lo que le pueden añadir las palabras misericordia, perdón, expiación, reparación, etc., a la palabra amor? Nada. Sin embargo, la palabra “misericordia” sí le puede añadir algo al amor: el factor del misterio por el que todas nuestras medidas e imágenes se rompen. La misericordia es la actitud que tiene el Misterio ante cualquier debilidad, olvido o error humanos: DIOS, FRENTE A CUALQUIER DELITO QUE COMETA EL HOMBRE, LE AMA. Es por eso que no se puede mendigar a Dios Padre más que abandonándose a su misericordia.
Creo que concepto de pecado debe de replantearse no sólo desde lasa ciencias humanas especialmente la psicología que nos dice que las conductas destructivas del ser humano son básicamente resultado de la falta de satisfacción de necesidades básicas, sobre todo de la necesidad de amar y ser amado, sino sobre todo desde una teología “teónoma” como diría el Padre Lenaers, , y en este replanteamiento podría resultar para algunos como yo que ya no tiene sentido el seguir hablando de “pecado” y menos como un concepto central en la doctrina cristiana de la fe.
Existe la tendencia a abordar la realidad del pecado reduciéndolo a sus consecuencias éticas y no mirando su raíz, por lo que es necesario plantear esta realidad desde su realidad ontológica, es decir, desde su fundamento. ¿Quién sabe lo que es el pecado?” decía en la Vulgata, el verso de un salmo que ha hecho meditar a generaciones de cristianos. ¿Quién se da cuenta de sus yerros? (Sal. 19, 13) Al menos una cosa se puede responder con seguridad que ni el hombre, ni tampoco ninguna teología, ética o filosofía pueden explicar lo que es el pecado.
El Padre Lenaers nos dice que desde un lenguaje teónomo, figurado pero más intramundano y más acorde con los tiempos, detrás de lo que hemos llamado “pecado” se esconde esencialmente la angustiosa experiencia de una ruptura en la relación entre el ser humano y su fundamento original y santo. La Biblia introduce al ser humano en la historia de la creación como hecho a imagen y semejanza de Dios, esto significa que la naturaleza fundamental de nuestra naturaleza es que lleva inscrita en ella a Dios como destino suyo. Creo que la diferencia entre el ser humano y cualquier otra criatura es que su humanidad o naturaleza humana consiste en su relación con Dios, es decir, el género humano no se apoya o se basa en sí mismo, sino en la relación del ser humano con Dios. SI CESA LA RELACIÓN EL SER HUMANO NO ES YA LO QUE CORRESPONDE SER. Aunque muchas voces a lo largo de nuestra historia han negado esta realidad, la perspectiva de una fe cristiana adulta es que el ser humano, desde el primer momento de su existencia, se manifiesta como un SER EN RELACIÓN, es decir, que empieza a existir gracias a otro e inmerso en la realidad de otro que le acoge. De aquí que el aislamiento y la ruptura de relaciones no sean lo propio para el desarrollo de la persona humana, CUYA POSIBILIDAD DE PLENO DESARROLLO SÓLO PUEDE DARSE GRACIAS A LA RELACIÓN, que no es sino la referencia a Otro, a Dios que es “Todo en Todo” (l Cor 15,28) Dicho de esta manera, la naturaleza humana del hombre, en este mundo, consiste en una RELACIÓN DE AMOR CONFIADO HACIA DIOS y en AMOR DIVINO HACIA EL HOMBRE.
Cuando el hombre se aparta de Dios la imagen se deforma y se rompe. Si Dios se apartara del hombre, su imagen se perdería completamente y el hombre dejaría de ser humano para siempre. Desde esta perspectiva, en cualquier relación, a cualquier nivel de relación de que se trate, sea cual sea la relación en que se viva, PODRÍAMOS ABORDAR EL PECADO COMO EL NO RECONOCER QUE DIOS ES TODO Y QUE EL SER CREADO ES EL SER PARTICIPADO Y QUE LO TANTO DIOS ES TODO EN CADA RELACIÓN, en cada uno de nuestros actos, como finalidad y como método. De esta manera podemos entender el pecado como el no reconocer a Dios como origen, es decir, como motivo y como finalidad. El pecado es idolatría de nosotros mismo y en la Biblia se le resume en último término como idolatría, y es “el padre de la mentira” quien actùa para extender la posibilidad racional de la idolatría.
Pero la buena noticia que nos trae Jesús nos devela el AMOR misericordioso del Dios creador que es Padre, que es nuestro origen y nuestro Destino, nuestro acompañante perenne. “Yo estaré con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo” (Mt 28, 20). Esta es una afirmación suprema del Amor creador y ¿qué es lo que le pueden añadir las palabras misericordia, perdón, expiación, reparación, etc., a la palabra amor? Nada. Sin embargo, la palabra “misericordia” sí le puede añadir algo al amor: el factor del misterio por el que todas nuestras medidas e imágenes se rompen. La misericordia es la actitud que tiene el Misterio ante cualquier debilidad, olvido o error humanos: DIOS, FRENTE A CUALQUIER DELITO QUE COMETA EL HOMBRE, LE AMA. Es por eso que no se puede mendigar a Dios Padre más que abandonándose a su misericordia.
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A PROPÒSITO DEL CAPÌTULO XVI
jueves, 18 de noviembre de 2010
APORTACIÓN DE LOURDES ADÁN AL CAPÍTULO 15 SOBRE EUCARISTÍA
Mis comentarios al capítulo XV
La eucaristía es el único sacramento que acompaña al creyente a lo largo de su vida, dice Lenaers, y si hemos entendido bien lo que son los sacramentos, habremos de comprender que nos hay magia en ellos y que Dios está en todo siempre, pues todo nos lo transparenta, nos habla de Él, y nos lo comunica, no nada más los siete sacramentos de la Iglesia.
Sin embargo, sí hay que enfatizar la importancia y el simbolismo de este sacramento “fuente y cima de la vida cristiana” como lo describe el Concilio Vaticano II. Para entender a fondo su riqueza, debemos voltear a Jesús, nuestro Maestro, releer los Evangelios y encontrar en toda la vida de Jesús, sus palabras y sus obras, la esencia del significado de esta comida o cena que Jesús compartió con sus discípulos antes de morir y que nos habla, nada menos, que del programa de una vida cristiana vivida a tope.
Entender la Eucaristía como la mesa donde nos partimos, repartimos y compartimos lo que somos y tenemos – posesiones, talentos, alegrías, tristezas, esperanza, - es realmente hacer de ella un sacramento de Vida, un signo de fraternidad y solidaridad, sin distinciones; un signo vivo en la construcción del Reino de Dios. Este es el programa de vida al que somos invitados al recordar la Última Cena de Jesús.
La Eucaristía debe ser un memorial, donde recordemos a Jesús y lo hagamos presente y eficaz en los que en esta memoria comparten sus vidas y desean seguir los pasos del Maestro en su compasión, libertad, valentía y autenticidad.
Quiso Jesús que esa Cena fuera un parteaguas en la vida del hombre; con sus palabras: “Este es el caliz de la Nueva Alianza, sellado con mi sangre”, él sabía muy bien que lo viejo había pasado, que Él traía algo nuevo, no la religiosidad que observaba: opresiva, selectiva, limitante, de temor hacia un Dios antropomorfo, justiciero, parcial y manipulable; la Alianza que Dios había sellado con los hombres no era sino la Vida de Dios dentro de cada ser humano de manera gratuita y eficaz. Antes de morir, deseo mostrarnos Jesús la Verdad acerca del Padre, de la Vida y del Hombre.
Esa Cena es un nuevo signo, una concepción nueva de la humanidad, en hermandad y compasión; un nuevo estilo de vivir y compartir; un nuevo rostro de Dios: un Dios que sólo sabe amar, que es gratuidad absoluta, que mora dentro nuestro, y que es nuestra verdadera fuerza y nuestra esperanza sin límite.
Jesús se vé a sí mismo en el pan y en el vino, símbolos de lo más necesario para el ser humano: la vida y el amor. Un pan y algo de vino, donde se condensan el universo entero, el amor creador del Padre y la creatividad y el trabajo del ser humano; que no sólo satisface sus necesidades como una bestia, sino que hace una obra de arte de esa materia prima que la Vida le ofrece, y esta belleza le invita a abrir su corazón a lo más noble: compartir las alegrías y las tristezas con sus semejantes.
Jesús sólo estará presente en los signos del pan y el vino en tanto haya gente que lo reconoce en ellos y que entreguen su vida en servicio del hombre y de la utopía del Reino, como Él lo hizo.
María de Lourdes Acevedo.
Noviembre 2010
La eucaristía es el único sacramento que acompaña al creyente a lo largo de su vida, dice Lenaers, y si hemos entendido bien lo que son los sacramentos, habremos de comprender que nos hay magia en ellos y que Dios está en todo siempre, pues todo nos lo transparenta, nos habla de Él, y nos lo comunica, no nada más los siete sacramentos de la Iglesia.
Sin embargo, sí hay que enfatizar la importancia y el simbolismo de este sacramento “fuente y cima de la vida cristiana” como lo describe el Concilio Vaticano II. Para entender a fondo su riqueza, debemos voltear a Jesús, nuestro Maestro, releer los Evangelios y encontrar en toda la vida de Jesús, sus palabras y sus obras, la esencia del significado de esta comida o cena que Jesús compartió con sus discípulos antes de morir y que nos habla, nada menos, que del programa de una vida cristiana vivida a tope.
Entender la Eucaristía como la mesa donde nos partimos, repartimos y compartimos lo que somos y tenemos – posesiones, talentos, alegrías, tristezas, esperanza, - es realmente hacer de ella un sacramento de Vida, un signo de fraternidad y solidaridad, sin distinciones; un signo vivo en la construcción del Reino de Dios. Este es el programa de vida al que somos invitados al recordar la Última Cena de Jesús.
La Eucaristía debe ser un memorial, donde recordemos a Jesús y lo hagamos presente y eficaz en los que en esta memoria comparten sus vidas y desean seguir los pasos del Maestro en su compasión, libertad, valentía y autenticidad.
Quiso Jesús que esa Cena fuera un parteaguas en la vida del hombre; con sus palabras: “Este es el caliz de la Nueva Alianza, sellado con mi sangre”, él sabía muy bien que lo viejo había pasado, que Él traía algo nuevo, no la religiosidad que observaba: opresiva, selectiva, limitante, de temor hacia un Dios antropomorfo, justiciero, parcial y manipulable; la Alianza que Dios había sellado con los hombres no era sino la Vida de Dios dentro de cada ser humano de manera gratuita y eficaz. Antes de morir, deseo mostrarnos Jesús la Verdad acerca del Padre, de la Vida y del Hombre.
Esa Cena es un nuevo signo, una concepción nueva de la humanidad, en hermandad y compasión; un nuevo estilo de vivir y compartir; un nuevo rostro de Dios: un Dios que sólo sabe amar, que es gratuidad absoluta, que mora dentro nuestro, y que es nuestra verdadera fuerza y nuestra esperanza sin límite.
Jesús se vé a sí mismo en el pan y en el vino, símbolos de lo más necesario para el ser humano: la vida y el amor. Un pan y algo de vino, donde se condensan el universo entero, el amor creador del Padre y la creatividad y el trabajo del ser humano; que no sólo satisface sus necesidades como una bestia, sino que hace una obra de arte de esa materia prima que la Vida le ofrece, y esta belleza le invita a abrir su corazón a lo más noble: compartir las alegrías y las tristezas con sus semejantes.
Jesús sólo estará presente en los signos del pan y el vino en tanto haya gente que lo reconoce en ellos y que entreguen su vida en servicio del hombre y de la utopía del Reino, como Él lo hizo.
María de Lourdes Acevedo.
Noviembre 2010
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