Hola, al fín pude asistir hoy viernes con las grandes maestras del primer grupo. Espero poder ponerme a su nivel, aunque pienso que voy a asistir algunos jueves al grupo nocturno para poderme poner al corriente y no sentirme con huecos.
Mil gracias por el maravilloso recibimiento.
Con cariño:
CHAQUI
viernes, 19 de febrero de 2010
jueves, 18 de febrero de 2010
APORTACIÓN DE LOURDES ADÁN
Comentarios al capítulo XIII de Roger Lenaers
El mundo de los signos
Con una gran ironía Lenaers nos quiere hacer ver, y creo que ya muchos de nosotros lo habíamos visto también, que la concepción de la jerarquía y, en general del pueblo cristiano acerca de los sacramentos de la fe, es una visión más mágica que otra cosa. La vida del cristiano y el trabajo de la jerarquía, se reducen tristemente, para unos, sólo a recibir los sacramentos y para otros, a ser administradores de ellos. Desgraciadamente, en la praxis, ir a la Iglesia o asistir a Misa viene a ser el concepto pobre y estrecho con el que mucha gente identifica su ser cristiano. El ritualismo sin sentido, no compromete a nadie existencialmente.
Concuerdo con Lenaers en que la formación católica tradicional ha tendido a sobrevalorar los sacramentos, y ponerlos por encima de la vida de oración personal y el compromiso por los demás. Es mucho más fácil ser un miembro de la comunidad de culto católica porque participo en sus sacramentos, que ser un verdadero discípulo de Jesús en términos existenciales; es mucho más sencillo recibir un sacramento que me dará de modo invisible una gracia “extra” de Dios, que comprometerme con la construcción de su Reino, con la construcción de un mundo mejor.
En el pensamiento heterónomo, nos dice Lenaers y yo estoy de acuerdo con él, se piensa que la acción y las palabras dichas por un sacerdote en cualquier sacramento, pareciera que tienen el poder, casi mágico, de abrir el cielo para que venga sobre aquél que recibe el sacramento, un río de gracia divina que lo transformará. Con mucha ironía, expresa Lenaers absolutamente convencido: “Se trata de una pequeña inversión de tiempo y esfuerzo que promete un dividendo mil veces superior”
No sólo los siete sacramentos nos ponen en contacto con Dios, “El cristianismo se comprende a sí mismo, dice Boff en su libro Los sacramentos de la vida en primer lugar no como sistema arquitectónico de verdades salvíficas sino como la comunicación de la Vida divina dentro del mundo”. “El mundo, las cosas y los hombres son penetrados por la savia generosa de Dios”. Por esta razón toda la creación es portadora de Dios; por eso todo puede ser sacramental para aquella persona que sabe leer el mensaje de Dios inscrito dentro de su creación. Todo nos revela a Dios y por ello, hay muchos otros medios o caminos, como dice Lenaers, de encontrarnos con el amor gratuito e inabarcable de Dios. El encuentro divino no se limita, por tanto, a los siete sacramentos instaurados por la Iglesia. ¿Pero... qué sería de la Jerarquía, digo yo, si nos diéramos cuenta de ello y todo, absolutamente todo, fuera para nosotros realmente un encuentro vivo y amoroso con nuestro Padre Dios?
Y, lo más importante, como dicen Lenaers y Boff, un signo es creativo tanto humana como divinamente, en la medida claro, de su veracidad; es decir de la autenticidad con que la persona exprese su amor, dependerá el crecimiento, el ensanchamiento de ese amor. Más allá de palabras concretas, más allá de ritos precisos, casi mágicos, la entrega del hombre a Dios en confianza y en verdad crea, aumenta y enriquece, cada vez que se realiza, un encuentro de amor, una verdadera comunión entre la persona y Dios.
Y cómo no creer esto, si lo experimentamos; como no sentir que tras el abrazo sincero otorgado a una amiga, esa amistad crece ahí mismo; el cariño aumenta, la confianza se expande, la cercanía es mayor. Los besos amorosos y los cantos que procuro a mi Santiago hacen que él y yo nos acerquemos cada día más profundamente, sus ojitos me penetran y él me transparenta el amor y la presencia de Dios y su generosidad innabarcable.
Somos capaces de crear signos, somos capaces de dar significado a las pequeñas cosas. De ahí las flores, las sonrisas, los poemas, los chocolates y los anillos de compromiso. Expresamos nuestro interior amoroso con signos concretos que realizan por sí mismos, cuando son verdaderos, una transformación interior y un crecimiento del espíritu.
Pienso que debemos crear signos y símbolos nuevos para nuestra vida de fe; signos, que nos hablen hoy, de ese amor inagotable e incondicional de Dios para experimentar ese cambio interior, ese crecimiento humano, que nos irá haciendo día a día más divinos.
María de Lourdes Acevedo Muñoz
Febrero de 2010
El mundo de los signos
Con una gran ironía Lenaers nos quiere hacer ver, y creo que ya muchos de nosotros lo habíamos visto también, que la concepción de la jerarquía y, en general del pueblo cristiano acerca de los sacramentos de la fe, es una visión más mágica que otra cosa. La vida del cristiano y el trabajo de la jerarquía, se reducen tristemente, para unos, sólo a recibir los sacramentos y para otros, a ser administradores de ellos. Desgraciadamente, en la praxis, ir a la Iglesia o asistir a Misa viene a ser el concepto pobre y estrecho con el que mucha gente identifica su ser cristiano. El ritualismo sin sentido, no compromete a nadie existencialmente.
Concuerdo con Lenaers en que la formación católica tradicional ha tendido a sobrevalorar los sacramentos, y ponerlos por encima de la vida de oración personal y el compromiso por los demás. Es mucho más fácil ser un miembro de la comunidad de culto católica porque participo en sus sacramentos, que ser un verdadero discípulo de Jesús en términos existenciales; es mucho más sencillo recibir un sacramento que me dará de modo invisible una gracia “extra” de Dios, que comprometerme con la construcción de su Reino, con la construcción de un mundo mejor.
En el pensamiento heterónomo, nos dice Lenaers y yo estoy de acuerdo con él, se piensa que la acción y las palabras dichas por un sacerdote en cualquier sacramento, pareciera que tienen el poder, casi mágico, de abrir el cielo para que venga sobre aquél que recibe el sacramento, un río de gracia divina que lo transformará. Con mucha ironía, expresa Lenaers absolutamente convencido: “Se trata de una pequeña inversión de tiempo y esfuerzo que promete un dividendo mil veces superior”
No sólo los siete sacramentos nos ponen en contacto con Dios, “El cristianismo se comprende a sí mismo, dice Boff en su libro Los sacramentos de la vida en primer lugar no como sistema arquitectónico de verdades salvíficas sino como la comunicación de la Vida divina dentro del mundo”. “El mundo, las cosas y los hombres son penetrados por la savia generosa de Dios”. Por esta razón toda la creación es portadora de Dios; por eso todo puede ser sacramental para aquella persona que sabe leer el mensaje de Dios inscrito dentro de su creación. Todo nos revela a Dios y por ello, hay muchos otros medios o caminos, como dice Lenaers, de encontrarnos con el amor gratuito e inabarcable de Dios. El encuentro divino no se limita, por tanto, a los siete sacramentos instaurados por la Iglesia. ¿Pero... qué sería de la Jerarquía, digo yo, si nos diéramos cuenta de ello y todo, absolutamente todo, fuera para nosotros realmente un encuentro vivo y amoroso con nuestro Padre Dios?
Y, lo más importante, como dicen Lenaers y Boff, un signo es creativo tanto humana como divinamente, en la medida claro, de su veracidad; es decir de la autenticidad con que la persona exprese su amor, dependerá el crecimiento, el ensanchamiento de ese amor. Más allá de palabras concretas, más allá de ritos precisos, casi mágicos, la entrega del hombre a Dios en confianza y en verdad crea, aumenta y enriquece, cada vez que se realiza, un encuentro de amor, una verdadera comunión entre la persona y Dios.
Y cómo no creer esto, si lo experimentamos; como no sentir que tras el abrazo sincero otorgado a una amiga, esa amistad crece ahí mismo; el cariño aumenta, la confianza se expande, la cercanía es mayor. Los besos amorosos y los cantos que procuro a mi Santiago hacen que él y yo nos acerquemos cada día más profundamente, sus ojitos me penetran y él me transparenta el amor y la presencia de Dios y su generosidad innabarcable.
Somos capaces de crear signos, somos capaces de dar significado a las pequeñas cosas. De ahí las flores, las sonrisas, los poemas, los chocolates y los anillos de compromiso. Expresamos nuestro interior amoroso con signos concretos que realizan por sí mismos, cuando son verdaderos, una transformación interior y un crecimiento del espíritu.
Pienso que debemos crear signos y símbolos nuevos para nuestra vida de fe; signos, que nos hablen hoy, de ese amor inagotable e incondicional de Dios para experimentar ese cambio interior, ese crecimiento humano, que nos irá haciendo día a día más divinos.
María de Lourdes Acevedo Muñoz
Febrero de 2010
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COMENTARIOS AL CAPÍTULO 13
APORTACIÓN DE VIOLETA ÁLVAREZ
Capítulo 12
Pan Integral en vez de Chocolatinas.
Violeta Elizabeth Alvarez Barragán.
Este tema es algo complicado porque no se tienen datos, únicamente lo que se ha transmitido de mano en mano durante siglos.
El lenguaje de la Biblia es un lenguaje descriptivo y eterno, cuando la realidad tiene mucho que ver con la mitología y el tiempo en que se vivió.
Nos hicieron creer que al final de los tiempos viene un juicio, por si cometimos algún mal, hay que pagar un castigo y ese castigo tiene que ser cruel y si lo hiciste bien pues tienes un premio.
Dejamos pasar mucho tiempo con estas ideas, sin darnos cuenta que son herencias judías, cristianas y helenísticas, lo dejamos pasar porque estamos acostumbrados al premio, al castigo y la justicia divina no es así. Si entendemos que Dios es amor.
Que pensar sobre si hay vida después de la muerte, si las escrituras y la tradición lo repiten, si hacemos a un lado lo que se decía, la muerte era sí una frontera, pero no una estación terminal, porque las personas que han muerto no regresan y sus huellas no se ven.
No me queda claro, ¿cuál de las dos culturas oriental u occidental no concebían que con la muerte se acaba todo?
Sin bioquímica no hay vida y sin cerebro no hay conciencia. La conciencia es dependiente de la bioquímica y con la muerte se termina la bioquímica. En la Edad Media ellos pensaban que el cuerpo se descompone, vuelve a la tierra de donde salió y el alma sale del cuerpo, para la teonomía eso ya no se concibe.
Para mí es más importante buscar y hacer la voluntad de Dios y no estar pensando si hay vida o no después de la muerte, es mejor creer en Dios alegremente y vivir plenamente.
Creer en una vida después de la muerte es una manera de consolarse, pues el ser humano no acepta que tiene que morir. Por tanto la fe cristiana en una vida eterna creció en un suelo abonado por el miedo de desaparecer completa y definitivamente.
Como lo vimos anteriormente el lenguaje es mitológico y filosófico es complicado por las contradicciones internas y los pensamientos son heredados por los judíos y griegos. Lo que sí es importante es la experiencia de Jesús, que a pesar de su muerte, se mostraba como viviente y eficaz.
La inmortalidad del alma viene del pensamiento griego y judío. El recompensar a los buenos y castigar a los malos es un pensamiento judío.
El infierno, purgatorio y limbo fueron inventados en la Edad Media como una manera de pagar las culpas que no fueron tan graves mediante un pago. Cuando hablamos de un castigo, me pregunto sí Dios que es amor, eso le gustaría?
El castigo es un procedimiento primitivo en donde se deja de lado el crecimiento en sabiduría y amor. La expresión de Dios en el Cosmos y en el ser humano es el crecimiento del amor y sí el ser humano se niega a crecer se opone a este impulso se daña a sí mismo en su ser más profundo.
El hablar del castigo es utilizar un lenguaje simbólico para señalar la destrucción o el daño de nuestro ser por no querer escuchar hacia donde impulsa el amor.
El cielo significa hacerse uno con Dios y por tanto estar acaparados por el amor. Todo está hecho para algo mejor precisamente porque Dios significa vida eterna y esto encierra en sí todo lo que se puede desear.
Es difícil para mí entender que la conciencia termina con la muerte bioquímica, porque sí es así no habría vida eterna, pero si lo veo como que el amor es la ley de nuestro ser, esto regiría nuestro comportamiento.
Así como el cielo para mí no es un lugar, lo entiendo como la felicidad completa, el sentirme plena, el hacerme uno con Dios y sentir su amor, entonces la vida eterna comienza aquí.
Si el ser humano se acerca más a Dios y la presencia de él es más profunda, lo que tendríamos que separar sería nuestro ego, pues al formar parte de un todo como individuos también formamos una unidad en donde cada uno de nosotros participamos de esa riqueza.
Pan Integral en vez de Chocolatinas.
Violeta Elizabeth Alvarez Barragán.
Este tema es algo complicado porque no se tienen datos, únicamente lo que se ha transmitido de mano en mano durante siglos.
El lenguaje de la Biblia es un lenguaje descriptivo y eterno, cuando la realidad tiene mucho que ver con la mitología y el tiempo en que se vivió.
Nos hicieron creer que al final de los tiempos viene un juicio, por si cometimos algún mal, hay que pagar un castigo y ese castigo tiene que ser cruel y si lo hiciste bien pues tienes un premio.
Dejamos pasar mucho tiempo con estas ideas, sin darnos cuenta que son herencias judías, cristianas y helenísticas, lo dejamos pasar porque estamos acostumbrados al premio, al castigo y la justicia divina no es así. Si entendemos que Dios es amor.
Que pensar sobre si hay vida después de la muerte, si las escrituras y la tradición lo repiten, si hacemos a un lado lo que se decía, la muerte era sí una frontera, pero no una estación terminal, porque las personas que han muerto no regresan y sus huellas no se ven.
No me queda claro, ¿cuál de las dos culturas oriental u occidental no concebían que con la muerte se acaba todo?
Sin bioquímica no hay vida y sin cerebro no hay conciencia. La conciencia es dependiente de la bioquímica y con la muerte se termina la bioquímica. En la Edad Media ellos pensaban que el cuerpo se descompone, vuelve a la tierra de donde salió y el alma sale del cuerpo, para la teonomía eso ya no se concibe.
Para mí es más importante buscar y hacer la voluntad de Dios y no estar pensando si hay vida o no después de la muerte, es mejor creer en Dios alegremente y vivir plenamente.
Creer en una vida después de la muerte es una manera de consolarse, pues el ser humano no acepta que tiene que morir. Por tanto la fe cristiana en una vida eterna creció en un suelo abonado por el miedo de desaparecer completa y definitivamente.
Como lo vimos anteriormente el lenguaje es mitológico y filosófico es complicado por las contradicciones internas y los pensamientos son heredados por los judíos y griegos. Lo que sí es importante es la experiencia de Jesús, que a pesar de su muerte, se mostraba como viviente y eficaz.
La inmortalidad del alma viene del pensamiento griego y judío. El recompensar a los buenos y castigar a los malos es un pensamiento judío.
El infierno, purgatorio y limbo fueron inventados en la Edad Media como una manera de pagar las culpas que no fueron tan graves mediante un pago. Cuando hablamos de un castigo, me pregunto sí Dios que es amor, eso le gustaría?
El castigo es un procedimiento primitivo en donde se deja de lado el crecimiento en sabiduría y amor. La expresión de Dios en el Cosmos y en el ser humano es el crecimiento del amor y sí el ser humano se niega a crecer se opone a este impulso se daña a sí mismo en su ser más profundo.
El hablar del castigo es utilizar un lenguaje simbólico para señalar la destrucción o el daño de nuestro ser por no querer escuchar hacia donde impulsa el amor.
El cielo significa hacerse uno con Dios y por tanto estar acaparados por el amor. Todo está hecho para algo mejor precisamente porque Dios significa vida eterna y esto encierra en sí todo lo que se puede desear.
Es difícil para mí entender que la conciencia termina con la muerte bioquímica, porque sí es así no habría vida eterna, pero si lo veo como que el amor es la ley de nuestro ser, esto regiría nuestro comportamiento.
Así como el cielo para mí no es un lugar, lo entiendo como la felicidad completa, el sentirme plena, el hacerme uno con Dios y sentir su amor, entonces la vida eterna comienza aquí.
Si el ser humano se acerca más a Dios y la presencia de él es más profunda, lo que tendríamos que separar sería nuestro ego, pues al formar parte de un todo como individuos también formamos una unidad en donde cada uno de nosotros participamos de esa riqueza.
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COMENTARIOS AL CAPÍTULO 12
miércoles, 17 de febrero de 2010
A PROPÓSITO DEL COMENTARIO DE ELSA URBINA
!!PRECIOSO ELSA!! Es un gusto leerte, como siempre nos mezclas la chispa con la profundidad y así es como se lee tu mensaje, tan agradablemente que cuando menos lo piensas ya se terminó... Pero la riqueza ahí está, me encanta que dices que después de todo te dá más gusto que susto, lo cual significa que vas saboreando y nos vas ayudando a saborear el pan integral al grado que las chocolatinas que antes eran nuestras preferidas empiezan a ser muy relativas. Gracias por este regalo. Un beso.
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ANA LAURA RESPONDE A ELSA
lunes, 15 de febrero de 2010
PARA ELSA DE LOURDES
¡Qué bárbara Elsita! Está hermosa tu participacióoooooon, me encantó, me llegó, me identifiqué con ella muchísimo. Te veía y te sentía cerca de mí al ir leyendo renglón por renglón. ¡Eres tú, en cada palabra! ¡GRACIAS!!Lourdes.
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A PROPÓSITO DEL CAPÍTULO 12
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